Esta modalidad de desembocadura múltiple a la que los griegos clásicos pusieron el nombre de delta por la similitud de la boca del río Nilo con la cuarta letra mayúscula de su alfabeto, suele darse en mares de actividad escasa y mareas débiles. Se forma por acumulación de materiales de arrastre fluvial, que van depositándose conforme a diferentes niveles de densidad, hasta alcanzar, a veces, como en el caso del Missisipi, muchos kilómetros de longitud.
La corriente de los ríos arrastra gran cantidad de piedras. Alguna vez nos han llamado la atención la forma pulimentada y redonda que presentan. La razón de su pulimento es que tales piedras han ido limando sus aristas y asperezas al haber entrechocado unas con otras, al haber sufrido el rozamiento continuo del lecho del río y al haber sido lamidas por el agua durante años. Estas piedras reciben el nombre de cantos rodados.
El nacimiento de un río se produce siempre en zonas altas de la corteza terrestre, como las montañas o las mesetas. El descenso de las aguas se produce por la fuerza de la gravedad, que le sobliga a seguir las líneas de máxima pendiente.
A medida que pasa el tiempo que pasa el tiempo el roce del agua va erosionando el suelo y se forma el camino natural o cauce del río. El cauce será bastante estable si algún otro fenómeno natural o la mano del hombre no lo desvía.
El agua de los ríos es suministrada por sus manantiales, el agua de la lluvia y los deshielos de las nieves de las montañas. Durante el invierno, las precipitaciones de agua y nieve son numerosas, por lo que los ríos llevan abundante caudal.
Sin embargo, al llegar el verano, las lluvias se hacen menos frecuentes y la nieve ha desaparecido. El caudal se alimenta casi exclusivamente del aporte de los manantiales.
Cuando los ríos son de poco caudal puede ocurrir que sus cauces se sequen completamente durante los meses de calor.