Si miramos la Luna cuando caminamos o viajamos de noche, ésta parece acompañarnos. En realidad, la Luna no se mueve a nuestra misma velocidad; lo que ocurre es que la distancia de nuestro satélite a la Tierra es tan grande en relación con la distancia que recorremos nosotros, que no podemos apreciar su verdadero cambio de posición. Para poder percibirlo tendríamos que recorrer distancias tan grandes que sólo podrían hacerse en cohetes.
El Sol siempre ilumina media superficie lunar, pero debido a los movimientos de la Tierra alrededor del Sol y de la Luna alrededor de la Tierra, hay momentos en los que los rayos solares que iluminan a nuestro satélite siguen la misma dirección que nuestra vista. Entonces vemos a la Luna de forma redonda.
Cuando los rayos del Sol iluminan la Luna por la derecha o por la izquierda, éste se nos presenta en forma de raja de melón. Los estados de la luna se denominan fases lunares y son los siguientes: Luna Llena, Cuarto menguante, Luna nueva y cuarto creciente.
Como ya sabemos, la Luna no irradia luz propia, sino que refleja la luz solar.
Hay varias razones para que algunas noches no veamos a la Luna en el firmamento: Puede ocurrir que la Tierra se haya interpuesto entre el Sol y la Luna, impidiendo su iluminación. Es lo que se llama eclipse. Puede suceder también que en su giro alrededor de la tierra, la Luna se encuentre en el lado opuesto del nuestro. Es posible, por último, que el cielo esté muy nublado y las nubes nos impidan su visión.